Inspiración

Free Play: Música, arte y meditación

5 septiembre 2014 | Textos

Circulo Tao

Los antiguos taoístas decían que, en estado de meditación, el propio ser era “un pedazo de tiempo sin esculpir”. Lo que es la piedra para el escultor, es el tiempo para el músico. Cada vez que se levanta para tocar, el músico se enfrenta con su pedazo de tiempo sin esculpir. Sobre este vacío aparentemente sin contornos tiende, quizás, un arco de violín, que es una herramienta para tallar o dar forma al tiempo… o, digamos, para descubrir o liberar las formas latentes en ese momento único del tiempo. En el acto de la improvisación podemos hacer una serie de cosas conscientemente. Podemos decirnos “Hay que repetir este tema; esta partenueva del material hay que unirla a la parte de hace unos minutos; esto es horrible, hay que suprimirlo o cambiarlo; esto es magnífico, hay que dejarlo crecer; parece que me estoy aproximando al final”, etcétera. Trabajamos con corriente continua de formas que surgen. Podemos modificar la música, pautarla, hacerla más segmentada, más simétrica, más grande o más pequeña. Todas estas operaciones pueden enseñarse y aprenderse. Pero el contenido, el material con que se trabaja, no puede enseñarse ni aprenderse. Simplemente está allí para que lo veamos, lo oigamos, lo sintamos, no con los cincosentidos sino con alguna facultad que se parezca al intelleto.

¿Qué es, entonces, este río aparentemente sin fin de la música, la danza, las imágenes, la actuación teatral o la palabra que aflora siempre que se lo permitimos? En cierto sentido es el fluir de la conciencia, un río de recuerdos, fragmentos de melodías, emociones, fragancias, enojos, viejos amores, fantasías. Pero percibimos algo más, aparte de lo personal, de una fuente que es a la vez muy vieja y muy nueva. La materia prima es una especie de flujo, el río del tiempo de Heráclito, o el gran Tao que fluye através de nosotros, como si fuera nosotros. Que fluye misteriosamente, imposible de detener ni de recomenzar. En su fuente no aparece ni desaparece, no aumenta ni disminuye, no es puro ni impuro. Podemos elegir entre tomar de él o no; podemos encontrarnos abiertos a él involuntariamente o ver cómo se cierra a nosotros sin que tampoco intervenga nuestra voluntad. Pero está siempre allí.

Las tradiciones espirituales de todo el mundo están llenas de referencias a este jugo misterioso: chi en China y ki en Japón (que corporizan algran Tao en cada individuo); kundalini y prana en la India; mana en Polinesia; orendé y manitu entre los iroquois y los algonquins; axé entre los afro-brasileños en sus cultos candomblé; baraka entre los sufís de Medio Oriente; élan vital en las calles de París. El tema común es que la persona es un recipiente a través del cual fluye una fuerza transpersonal. Esa fuerza puede acrecentarse con la práctica y la disciplina de diversos tipos; puede bloquearse o atascarse por el abandono, la práctica escasa o el miedo; puede usarse para el bien o para el mal; fluye a través de nosotros, y sin embargo no la poseemos; aparece como el principal factor en las artes, en las curaciones, en la religión.

Escuchando ahora las grabaciones de Pablo Casáis de las Sttites para cello de Bach, realizadas amediados de 1930, siento una cualidad del sonido que me atraviesa. Hace vibrar a todo mi cuerpo como una hoja en la tormenta. No sé cómo llamarlo: poder, la fuerza de la vida. Sin embargo, usar términos como poder o fuerza puede ser confuso, porque no nos referimos a la energía física en el sentido de masas de tiempo pautadas por la velocidad, ni a la energía metabólica que el cuerpo deriva del alimento. Sin embargo cualquiera que, como el músico, se aboca a estas cuestiones en forma cotidiana, sabe que considerar este fenómeno como una simple metáfora es también un gran error.

Lo que los chamanes, artistas, curanderos y músicos quieren decir con esas palabras no esfuerza ni energía, aunque se exprese a través de las fluctuaciones de la energía (así como la música es transportada por las fluctuaciones de las ondas sonoras o radiales). Es un hecho que no está en el reino de la energía sino en el reino de la información, de la forma.

Al mirar ahora el océano, los pájaros, la vegetación, veo que absolutamente todo en la naturaleza surge del poder del juego libre que golpea como las olas contra el poder de los límites. Los límites pueden ser intrincados, sutiles y de larga data como la estructura genética del naranjo que tengo frente a mí. Pero el patrón del céano, el patrón del naranjo o el de las gaviotas, surgen orgánicamente: son patrones auto organizadores. Estos procesos creativos inherentes a la naturaleza son para algunos la evolución, y para otros la creación. El flujo incesante a través del tiempo y del espacio de este patrón de patrones es lo que los chinos llaman Tao.

En los mitos de todo el mundo los dioses creadores, echando mano a cualquier material simple que encuentren: agua, fuego, luz de luna, barro, improvisan la tierra y el mar, el mundode los animales y las plantas, la sociedad humana, las artes, el cosmos y la historia. Estos procesos creativos son el paradigma de cómo funcionan nuestros propios procesos creativos cuando el trabajo fluye y el trabajo es juego y el proceso y el producto son una misma cosa.

El Creativo y el Receptivo, haciendo y percibiendo, son una pareja resonante, cuyos miembros se complementan y se responden entre sí. Miguel Ángel, al entregarse a los tipos arquetípicos latentes en su piedra, no hacía estatuas, las liberaba. Seguía conscientemente la idea de Platón de que aprender es, en realidad, recordar. En el diálogo Menón, por ejemplo, Platón muestracómo Sócrates libera en un esclavo supuestamente ignorante el conocimiento más abstruso de la matemática y la filosofía haciendo las preguntas adecuadas en la forma adecuada. Ese profundo dibujo innato de la información está holográficamente presente en todo lo que se nos ocurre mirar; no sólo en los bloques de mármol de Carrara de Miguel Ángel, sino en todo, en nosotros interactuando con todo, en nosotros reflexionando sobre todo. Es como si hubiera algo debajo de esta hoja de papel, un dibujo cuyos contornos trato de captar y hacer visibles señalándolos con palabras.

Nuestra metáfora de la escultura no debe hacernos pensar, porque eso sería una trampa, que intelleto quiere decir ver una esencia estática o ideal. El conocimiento que hallamos es intelleto de una realidad dinámica en flujo constante… un flujo que no es azaroso sino que es, a su vez, un patrón de patrones. Cuando experimentamos la inspiración, ya sea en el amor, en la invención, en la música, en la escritura, en el trabajo, en los deportes, en la meditación, estamos sintonizando este entorno de información siempre presente, siempre cambiante, de la estructura profunda de nuestro mundo, este constante fluir del Tao.

Del libro Free Play, de Stephen Nachmanovitch

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