Inspiración

Joe Dispenza: La desmitificación de la meditación

19 febrero 2016 | Textos

Meditar

La meditación, como la hipnosis, es otra forma de cruzar la mente analítica y entrar en el sistema de programas subconscientes. El objetivo de la meditación es ir más allá de la mente analítica, para dejar de fijarte en el mundo exterior, el cuerpo y el tiempo, y centrarte en el mundo interior de los pensamientos y los sentimientos.

La palabra meditación se ha estigmatizado. A la mayoría de la gente al oír hablar de ella le viene a la cabeza la imagen de un gurú barbudo meditando sentado en perfecta quietud en la cima de una montaña inmune a los elementos, o un monje con una túnica luciendo en el rostro una misteriosa sonrisa de pura alegría, o incluso una hermosa joven en la cubierta de una revista con la piel de porcelana, exhibiendo un estiloso atuendo de yoga y una mirada serena, libre de la esclavitud de las obligaciones cotidianas.

Al venirnos estas imágenes a la cabeza, la meditación tal vez nos parezca a muchos poco práctica y demasiado difícil, como si estuviera más allá de nuestras facultades. O a lo mejor la vemos como una práctica espiritual que no encaja con nuestras creencias religiosas. Y algunos, agobiados por la infinita variedad de meditaciones que están a nuestro alcance, somos incapaces de decidir por dónde empezar. Pero entrar «ahí» no tiene por qué ser tan difícil o desconcertante. La cuestión es que la
meditación está concebida para ir más allá de la mente analítica y sumergirnos en unos estados de conciencia más profundos.

En la meditación pasamos de la mente consciente al subconsciente y, al mismo tiempo, del egoísmo al altruismo, de ser alguien y algo a no ser nadie ni nada, de ser unos materialistas a ser unos inmaterialistas, de estar en un lugar a no estar en ninguno, de vivir en el tiempo a vivir en el sin tiempo, de creer que el mundo exterior es la realidad y definirla con los sentidos a creer que el mundo interior es la realidad y que una vez que estamos en él, entramos en el mundo «sin sentido» de la mente más allá de los sentidos. La meditación nos lleva de la supervivencia a la creación, de la separación a la conexión, del desequilibrio al equilibrio, del estado de emergencia al estado de crecimiento y regeneración, y de las emociones limitadoras del miedo, la ira y la tristeza a las emociones expansivas de la alegría, la libertad y el amor. Básicamente pasamos de aferrarnos a lo conocido a aceptar lo desconocido.

Vamos a analizarlo un poco. Si tu neocorteza es la sede de tu mente consciente y el lugar donde construyes pensamientos, analizas las cosas, ejercitas el intelecto y ejecutas los procesos racionales, en este caso para meditar tu mente deberá ir más allá de la neocorteza (o salir de ella).

Tendrá que pasar del cerebro pensante al cerebro límbico y a las regiones subconscientes. Es decir, para silenciar la neocorteza y la actividad neuronal que realiza a diario, tienes que dejar de pensar analíticamente y prescindir de las facultades del razonamiento, la lógica, la intelectualización, la previsión, la conjetura y la racionalización, al menos temporalmente.

«Aquietar la mente» significa esto. Según el modelo neurocientífico, aquietar la mente significa que tendrías que declarar un «alto el fuego» en todas las redes neuronales automáticas del cerebro pensante que usas a diario. Es decir, tendrías que dejar de recordarte quién crees ser, con lo que dejarías de reproducir constantemente el mismo nivel mental de siempre.

Ya sé que parece una tarea hercúlea que puede resultarte abrumadora, pero por lo visto existen métodos prácticos demostrados científicamente para acometer esta hazaña y acabar transformándola en una habilidad.

Dr. Joe Dispenza – Del libro “El Placebo eres tú”.

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